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Del boom a la tensión: qué está pasando realmente en el crédito privado

  • Foto del escritor: guadabarriviera
    guadabarriviera
  • hace 1 día
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: hace 5 horas


Durante más de una década, el crédito privado fue vendido como una de las historias más sólidas de las finanzas globales: altos retornos, baja volatilidad y una aparente desconexión con los vaivenes del mercado público. Pero hoy, esa narrativa empieza a resquebrajarse.


Lo que hasta hace poco era un refugio para inversores institucionales y, más recientemente, para capitales de alto patrimonio, enfrenta su momento más delicado desde la última crisis financiera global. Y la pregunta ya no es si hay tensión, sino qué tan profunda puede volverse.


Un mercado que creció demasiado rápido


El punto de partida es claro: el crecimiento del sector fue explosivo. En poco más de una década, el mercado pasó de unos 500.000 millones de dólares en activos bajo gestión a más de 3 billones de dólares en 2025, impulsado por tasas bajas, abundancia de liquidez y la retirada de los bancos tradicionales tras la crisis de 2008.


Pero ese mismo crecimiento es hoy parte del problema. “El private debt creció demasiado rápido”, advierte desde Miami Matthew Beem, senior portfolio manager de BlackTORO Global Investments. “El gran problema es la falta de mark to market. Nadie sabe realmente cuánto valen estos activos”, agrega.


La opacidad en las valuaciones —una de las características que durante años jugó a favor del sector— empieza a convertirse en un riesgo en sí mismo.


Señales de deterioro bajo la superficie


Aunque en apariencia el mercado sigue funcionando, los indicadores muestran un deterioro progresivo. Según explica Samuel Izquierdo Pina, gestor de banca privada en Banca March y autor del newsletter diario Remembrance Capital, cerca del 40% de los prestatarios de crédito privado ya tiene flujo de caja libre negativo, una cifra que marca un salto significativo respecto a años anteriores.


A esto se suma un fenómeno cada vez más extendido: los pagos en especie (PIK), que permiten a los deudores diferir intereses en lugar de pagarlos en efectivo. En otras palabras, el sistema sigue en pie, pero en muchos casos postergando el problema hacia adelante.


“El inversor está aceptando menos compensación por un riesgo que en realidad ha crecido”, señala Izquierdo Pina desde Valencia, España, en referencia a la compresión de spreads registrada en el último año.


El punto más frágil: liquidez y confianza


El foco de mayor preocupación hoy no está solo en la calidad crediticia, sino en la estructura del mercado. El crecimiento de vehículos semilíquidos —fondos que prometen cierta liquidez sobre activos intrínsecamente ilíquidos— introdujo un riesgo nuevo: el de corridas.


Beem lo describe sin rodeos: “Es un escenario clásico de corrida bancaria, en menor escala”.

Cuando los inversores piden rescates, los gestores enfrentan un dilema: vender activos con descuento o restringir retiros. Ambas opciones tienden a retroalimentar la desconfianza.


Ese proceso ya empezó a manifestarse. Blackrock, Morgan Stanley y Apollo Global Management son solo algunas de las gestoras líderes que limitaron los retiros (rescates) en sus fondos de crédito privado.


“Las solicitudes de reembolso aumentaron bruscamente a finales de 2025”, explica Izquierdo Pina, recientemente fichado por Banca March. “Y varios vehículos tuvieron que limitar salidas, lo que genera un ciclo de tensión difícil de contener”, añade el experto.


¿Riesgo sistémico o problema contenido?


Por ahora, el consenso es que el riesgo no es sistémico en el sentido clásico. Pero eso no significa que sea irrelevante.


A nivel global, las advertencias empiezan a venir también desde los principales bancos. Jamie Dimon, CEO de JPMorgan, sostuvo recientemente que el crédito privado no representa por ahora un riesgo sistémico, aunque advirtió que las pérdidas podrían ser mayores a las que hoy descuenta el mercado. En su última carta a accionistas, el ejecutivo señaló el deterioro en los estándares de originación, el uso creciente de estructuras como los pagos en especie (PIK) y un exceso de optimismo en las valuaciones.


“No todos los que están dando crédito son buenos haciéndolo”, resumió Dimon, en una frase que sintetiza el cambio de clima en la industria.


El Fondo Monetario Internacional (FMI) también advirtió en su último informe de Estabilidad Financiera Global sobre los riesgos del crédito privado. El sector “se ha convertido recientemente en una fuente de preocupación de los inversores", en parte por suspensiones de pagos de alto perfil, lo que, según el informe, "sugiere estándares de préstamos laxos y diligencia debida insuficiente en algunos prestatarios", algo que se suma a la exposición al altamente apalancada sector de las inversiones en IA.


“Es algo que tiene un riesgo sistémico contenido, pero si más partes de este sector comienzan a liquidarse, eso ciertamente puede tener un impacto en nuestra evaluación general", indicó en rueda de prensa Tobias Adrian, director encargado de mercados de capital del FMI, según publicó la agencia de noticias EFE.


El organismo aconseja vigilar esta parte del sector financiero si se dan escenarios de alto estrés sistémico, ya que podría combinarse con otros shocks y amplificar las consecuencias en la estabilidad financiera mundial.


Sucede que el mercado de crédito privado está cada vez más interconectado con el sistema financiero, especialmente a través de los bancos, que han incrementado significativamente sus líneas de crédito hacia estos vehículos.


“El riesgo es que los bancos terminen expuestos si los fondos no pueden responder”, advierte Beem, desde BlackTORO. “No creo que haga caer al sistema, pero sí podría afectar a bancos más pequeños o regionales”, advierte.


El canal de contagio más probable no sería directo, sino vía confianza: cuestionamientos sobre valuaciones, restricciones de liquidez y ventas forzadas podrían trasladar presión a otros activos.


Entre el estrés y la oportunidad


A pesar de este contexto, no todos ven un escenario negativo. Desde el mercado, algunas visiones sostienen que el crédito privado sigue ofreciendo retornos atractivos, especialmente en un entorno de tasas elevadas.


En ese sentido, desde Puente destacan que el segmento “permite obtener rendimientos superiores al 8% anual” y que los fundamentos de los fondos más sólidos se mantienen firmes, aunque remarcan la importancia de la selectividad.


Esta divergencia de miradas refleja el momento actual del mercado: ni colapso inminente ni normalidad total, sino una fase de ajuste que pone a prueba la calidad de los jugadores.


Un cambio de narrativa


Lo que está en juego no es solo el desempeño de corto plazo, sino la narrativa que sostuvo al crédito privado durante años. “La idea de ‘alto retorno con bajo riesgo’ ya no se sostiene sin matices”, resume Izquierdo Pina.


El mercado entra en una etapa distinta: menos homogénea, más selectiva y con mayor dispersión de resultados entre gestores. En ese nuevo escenario, la diferencia no estará en evitar el crédito privado, sino en entenderlo mejor.

 

 

 

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