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Los patrones emocionales se repiten más que los financieros

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    guadabarriviera
  • hace 22 horas
  • 2 Min. de lectura

(Por Ivan Scherman, CIO y fundador de SciTech Investment)  



Cuando gané la World Cup Championship of Futures Trading, con un retorno cercano al 492% en un año, entendí que aquel logro no era solo un hito personal. Fue la prueba de que un modelo algorítmico podía funcionar bajo presión real, en un entorno auditado y frente a algunos de los traders más preparados del mundo. Esa experiencia me enseñó que los mercados son un laboratorio extremo: validan o descartan ideas en cuestión de segundos.


Con los años confirmé algo que aún hoy me guía: los mercados no son aleatorios. Funcionan como un espejo del comportamiento humano. Y, aunque los precios y los activos cambian, hay algo que permanece inmutable: las emociones que mueven a los inversores.


Mercados emocionales, decisiones racionales


El miedo, la euforia, la avaricia o el pánico aparecen una y otra vez en ciclos que parecen distintos, pero que en el fondo son iguales. El problema es que, en medio de la operativa, resulta muy difícil distinguir entre ruido y patrones reales.


Fue entonces cuando empecé a apoyarme en la ingeniería: modelos de procesamiento de señales, filtros de trayectorias, relación señal/ruido. Herramientas que me permitieron aislar lo repetitivo de lo aleatorio y transformar lo que para muchos es una apuesta en un proceso más cercano a la ciencia que al azar.


En mi experiencia, la verdadera protección no surge de predecir el futuro, sino de estar preparado para cualquier escenario. Diversificar no solo entre acciones o bonos, sino también entre energías, metales, commodities agrícolas, divisas o incluso criptoactivos regulados.

Esa amplitud es la que permite que una caída en un mercado no arrastre al resto. Es, en definitiva, una manera de defenderse de los famosos “cisnes negros” que periódicamente sacuden a la economía global.


He llegado a la conclusión de que todo activo atraviesa distintos estados: alcista, bajista o lateral, cada uno con mayor o menor volatilidad. Reconocer esas configuraciones objetivas es clave para decidir si vale la pena participar o si lo más sabio es quedarse al margen.


Jesse Livermore, uno de los traders más citados de la historia, solía decir: “Hay un momento para ir en largo, un momento para ir en corto, y un momento para ir a pescar.” Creo que esa frase sigue siendo vigente: saber cuándo no hacer nada también es una forma de disciplina.


Ciencia de datos sobre emoción


En épocas de estrés los titulares cambian, pero las reacciones son familiares. Una crisis financiera, un cambio de política arancelaria o una crisis inesperada pueden ser eventos distintos, pero despiertan patrones emocionales que ya vimos antes.  


De hecho, lo que muchos consideran amenaza puede convertirse en oportunidad, siempre que se lea más allá de la noticia y se entienda la reacción que provoca.


Al final, el mayor enemigo del inversor no es el mercado, sino él mismo. La consistencia no se logra adivinando lo que vendrá, sino aplicando procesos repetibles, basados en evidencia y libres de sesgos.


Si algo me enseñaron los mercados es que los patrones financieros cambian, pero los emocionales permanecen. Y mientras se repitan, siempre habrá espacio para una forma más racional —y científica— de invertir.

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