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Parte II de la historia de vida de Juan Pablo Pisano, emprendedor nato y desarrollador de bots Quant



Es difícil remar contra la corriente. Y en el caso de Juan Pablo Pisano, emprendedor y empresario pyme; programador, matemático, ingeniero de la UTN y autor de la serie de libros Python para Finanzas Quant, esa corriente es interna: tiene que ver con su forma de ser, con su espíritu emprendedor y aventurero; tiene que ver con su propio motor de vida.


En el verano de 2020, nos juntamos en una pizzería frente a la estación Lacroze de Buenos Aires. El encuentro duró varias horas, y después escribí su historia de vida.


Juan Pablo es hijo de una maestra de grado y de un empleado; creció en un hogar humilde de Vicente López, y desde muy joven trabajó como operario en una fábrica mientras daba clases particulares de matemática, su gran pasión. Ahora, después de emprender, de ser Ingeniero Industrial recibido, de dedicarse a desarrollar bots de trading, ya es un referente en el mercado financiero local.


Esta es la primera parte de su historia de vida:



Años después de escribir y publicar su historia en mi blog, supe que Juan Pablo emigró con su mujer a España y que durante un tiempo se desempeñó como CIO de Belo, la app de criptomonedas, hasta que dejó ese trabajo.


Tuve la intuición que lo hizo para poder dedicarse otra vez a lo que realmente le apasiona: el emprendedurismo, las finanzas y la tecnología, para ayudar a los demás con sus múltiples conocimientos y su forma pedagógica de ser. Y así fue, tal como luego me lo confirmaría.


“Manuel (Beaudroit, CEO de Belo) fue de los primeros emprendedores crypto en Argentina. Siempre lo admiré”, dice hoy. “En ese momento (plena pandemia, con la Fed y otros bancos centrales inyectando liquidez al sistema), hubo un boom de las criptodivisas. Me acuerdo que le sugería ideas a Manu, de forma desinteresada, porque la tecnología es compleja y el mundo de las criptodivisas tiene más capas de complejidad”, explica.


Manuel Beaudroit buscaba alguien para manejar las inversiones, alguien del “C level”, y Juan Pablo fue contratado como Chief Investment Officer de Belo.


“Era un ciclo muy alcista; florecía la plata de la tierra, los fondos daban liquidez a los protocolos; había apetito por volcar liquidez en los activos de mayor riesgo”, recuerda Juan Pablo. Hasta que en la segunda mitad de 2022, “cambió todo a risk off y se dio vuelta el ciclo”, completa.


Vuelta a emprender


A los 6 meses, Juan Pablo renunció a su cargo. Ya estaba instalado en Málaga porque su mujer, la bióloga del Conicet Florencia Abadia, había postulado para hacer un doctorado sobre biología molecular para investigar en esa ciudad de España la cura del cáncer.


“Es muy loco emigrar. En 2022, el año que nos vinimos a España, acababa de perder a mi vieja por Covid y había perdido a mi viejo pocos años antes”, relata con su lenguaje, que es bien de la calle. Y continúa: “al principio fue una sensación de soledad enorme, muy difícil de explicar, pero uno se va haciendo de amigos nuevos, y el tiempo va llenando los vacíos. Por suerte, las cosas nos salen más que bien, así que eso también ayuda a sobrepasar la parte emocional, que es mucho más compleja estando solos en otro país”, detalla.


Sobre la etapa con trabajo formal en Belo, cuenta: “te entusiasmás con la novedad, pero te falta la adrenalina de emprender y de tomar tus propias decisiones. Estás cómodo con un trabajo, un trabajo en el que admirás a tus jefes y hasta te divertís, pero es medio inexplicable lo que me pasó. Pensé: ‘quiero hacer mis locuras de vuelta’. Es algo muy personal”.


Su presente lo encuentra trabajando de forma independiente en dos grandes rubros que le “encantan”: la parte técnica de la Inteligencia Artificial (IA), es decir la matemática como fuerza bruta, y la programación.

 

Asociado a otro programador argentino que también tiene residencia en Málaga, están construyendo la lógica de sus modelos de Python de market making y de portfolio en Rust que es otro lenguaje de programación más eficiente para ejecutar porque es un lenguaje compilado.


“Es una especie de re-escribir las mismas lógicas pero de una manera que, al ejecutarse en máquinas, éstas lo hagan más rápido porque, en el fondo, los bots compiten por velocidad. Así que en eso ando -se entusiasma Juan Pablo-. La idea es armar el ‘Renaissance’ Argento, que es un fondo de inversión que invierte basado en reglas Quant, es decir modelos matemáticos y algo de IA, aunque como complemento porque, en realidad, es más estadística que la IA, pero estoy utilizando los modelos de lenguaje para cosas más experimentales, por ahora”.


Con el motor de su pasión siempre encendido


Su evaluación es que los primeros resultados de este proyecto de fondo Quant, “muy provisorios”, son muy buenos.


“Busco resolver algo de una forma nueva. Es algo que se puede usar para resolver de una forma no analítica la toma de decisiones, por ejemplo, el análisis de riesgo de un cliente”, detalla. “Es trabajar en una red neuronal con conexiones, buscando los mejores resultados posibles en el armado de un portafolio de inversión”.


Se entusiasma y emociona cada vez que nombra a Flor, su mujer, o habla sobre su otra gran pasión: las finanzas. “Trabajo en el valor agregado de la IA, en un algoritmo que toma mejores decisiones para el armado de carteras, con una tesis propia de inversión y de percepción del riesgo. Es algo que tiene un potencial enorme”, asegura.


El emprender está en la naturaleza de Juan Pablo Pisano, como en tantos otros y otras. Reflexiona sobre su paso por Belo, donde era feliz y tenía un buen salario. “No es por la guita que uno se realiza; no es un simple generar ingresos ya, y nada más. La vida uno nunca sabe cuándo termina, y busqué no estar atado a algo que no me terminaba de realizar. Elegí volver a investigar para brindar soluciones a problemas”, explica.


Por ahora, le fue “terriblemente bien” operando solo con sus bots de market making y de arbitrajes estadísticos. Sin embargo, llegó a un punto de “no poder crecer más por cuellos de botella de ejecución, y esa es la pata en la que es más fuerte mi nuevo socio, que es ingeniero informático y tiene más de 20 años de experiencia en codear este tipo de cosas que compiten por ejecutar quizás un nanosegundo antes que la solución de otro, a esos niveles de escala”, relata. Un nanosegundo es la milésima parte de un microsegundo, que es la millonésima parte de un segundo.

 

Juan Pablo encontró ese complemento ideal en su nuevo socio. “Yo soy bueno en la parte Quant, pero en la parte informática soy un programador del montón. El caso de mi socio es el inverso: tenía bots de arbitrajes pero no se dedicaba a eso, sino que trabajaba para otros fondos de inversión, haciéndoles la arquitectura del software. Es super crack en la parte de ingeniería, así que nos complementamos perfecto. Estoy super bullish con este nuevo emprendimiento y sociedad. Lleva su tiempo calibrar todo y empezar a escalar las estrategias y bots, pero en un año esto va a tomar una escala impresionante, no me caben dudas”, se vuelve a entusiasmar.

 

No se pregunta ni sabe dónde terminarán, en qué país, él y su mujer. El motor de emprender, de investigar, de aprender, nunca se apaga y no importa dónde esté localizado geográficamente para realizar sus proyectos.

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