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Churros El Topo y las claves de una PyME familiar que con 50 aƱos de vida multiplica sus locales

  • Foto del escritor: guadabarriviera
    guadabarriviera
  • 16 oct 2020
  • 6 Min. de lectura


En el mundo de la empresa hay que cosas que no suelen fallar, como la comercialización de un producto que respeta su fórmula de elaboración original, que mantiene su calidad y que fue validado por el mercado durante años.


Si a eso se suma la transparencia de tres generaciones de dos familias que se entregan día a día al trabajo con dedicación, esfuerzo y buen trato a sus empleados y a la clientela, uno tendería a pensar que se trata de una receta mÔgica.


Churros El Topo es una firma con mÔs de 50 años de historia, que comenzó en 1968 con la apertura del primer local de venta de churros de la ciudad balnearia de Villa Gesell, y que al día de hoy tiene 12 comercios abiertos, y no solo en la zona de costas de la Argentina.


Sin embargo, que un negocio perdure en el tiempo no es algo fÔcil: a nivel local, estÔn las crisis económicas recurrentes, con los saltos en la inflación. Ahora se suma la pandemia y, ademÔs, el auge que tienen las redes sociales en el posicionamiento de las marcas. El mundo estÔ cambiando, y las PyMEs que se gestionan con inteligencia lo saben mÔs que nadie.


La churrerĆ­a El Topo supo capitalizar muy bien las Ćŗltimas dos cosas: en la cuarentena se sumó a la venta por delivery, con lo que explotaron sus ingresos, y tiene a Juan Navarro y a Emmanuel Sacco –miembros, claro estĆ”, del clan familiar- como community managers de las cuentas de Twitter e Instagram, respectivamente.


Juan Navarro anticipa que en Twitter lo que hace es un trabajo estratégico, y admite que le llevó una década de ensayo y error. De hecho, hace ya 10 años que abrió la cuenta. Pero al día de hoy, la misma tiene cerca de 50.000 seguidores, y lo mÔs importante de todo es que genera muchísima interacción con los usuarios de esa red.


Una de las claves comunicacionales en Twitter es la inventiva, la ocurrencia, y esto es permanente en el caso de El Topo. Pero mƔs que nada lo que se percibe es mucha cercanƭa con el que lee o ve sus posteos.


De repartir pelĆ­culas en moto a elaborar churros


Los antecedentes de la firma se remontan al aƱo 1965, cuando Hugo Navarro y su amigo Juan Carlos ā€œCachoā€ Elias, en la Ć©poca de la combinación de pelĆ­culas, hacĆ­an en moto la distribución de estas cintas fĆ­lmicas. Con poca distancia de tiempo, ambos tuvieron accidentes de trĆ”nsito, y pensaron en cambiar de oficio.


Cacho empezó a trabajar como repartidor de churros en camioneta, observó el movimiento de la venta, y abrió después junto a Hugo un local en el barrio porteño de Belgrano, en AmenÔbar y Juramento. Sin embargo, eran otras épocas, y por un tema de olores y ventilación, el consorcio del edificio que estaba arriba no les renovó el contrato de alquiler.


Probaron con otra locación, hasta que un amigo en común les recomendó mudar el negocio a Villa Gesell. Tuvieron éxito y abrieron un segundo local al año siguiente en Necochea. Desde ese momento, Hugo y Cacho comparten la fórmula de los churros y la marca, pero son dueños por separado de esos dos negocios.



La firma no trabaja con franquicias. Todos los locales pertenecen a los distintos hijos, que a su vez, pusieron a trabajar a sus descendentes. Todos hacen usufructo de la marca, pero no comparten la titularidad de los comercios. En este momento, El Topo tiene presencia en la costa argentina con locales en Villa Gesell, Mar Azul, Pinamar (2), Cariló y Valeria del Mar.


Juan Navarro, el hijo menor de Hugo, fue el primero de la familia que probó, después de 40 años, volver a abrir un local en CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Hoy, ademÔs de tener a cargo la gerencia de Villa Gesell, es dueño de las 3 sucursales que tiene la churrería abiertas en Capital Federal, por las zonas de Belgrano, Tribunales y Plaza Irlanda.


Pero no todo es receta mÔgica y éxitos de apertura. Son mÔs de 50 años, y en el medio, Carla, una de las hijas de Cacho, invirtió en Bahía Blanca y en Monte Hermoso. Juan también probó de abrir un local en Palermo. E incluso los fundadores de la empresa tuvieron mÔs de un intento frustrado en CABA hasta que decidieron abrir, allÔ por el año 1968, el local en Villa Gesell.


Por sugerencia de un letrista, Hugo y Cacho llamaron en aquel momento a su firma ā€œEl Topoā€, por el Topo Gigio: en esa Ć©poca, en Gesell habĆ­a negocios que llevaban el nombre de personajes de TV, como ā€œEl Chavo del 8ā€. Por su parte, los socios decidieron que para llamar la atención del pĆŗblico, el cartel de ā€œChurrosā€ debĆ­a estar al revĆ©s, para que la gente se detuviera a ver quĆ© decĆ­a ese extraƱo cartel.



Explosión en redes sociales


ā€œDe mĆ”s chicos, algunos apostamos a otra cosa. A mĆ­ siempre me gustó conocer sobre historia; leo desde chiquito y soy casi Licenciado en Historia. En algĆŗn momento quise dedicarme a otra cosa, pero la vida me trajo hasta acĆ”ā€, explica Juan Navarro sobre cómo es que todos en las dos familias, sin excepción alguna, coinciden en continuar con el negocio.


A la hora de sintetizar el Ć©xito de la churrerĆ­a, menciona que ā€œen mi familia, todos a los 14 o 15 aƱos de edad, empezamos a trabajar en los locales y aprendimos a hacer de todo: desde rellenar churros hasta lavar latas. Eso te da legitimidad, es la base, el cursus honorumā€. Dice, y cita a la Antigua Roma.


ā€œNuestros empleados, de alguna manera, ven desde dónde les dice uno las cosas: yo no solo gerencio los locales; tambiĆ©n relleno churros, despacho pedidos o hago lo que tenga que hacerā€, seƱala.


ā€œNo tenemos una regla. Pero lo que sĆ­ tenemos es orgullo y pasión por lo que hacemos, y no vendemos cualquier cosa: la gente sabe que come productos de calidad. Y la suerte no es mĆ”s que el meditado cuidado de todos los detalles: las cosas no pasan de casualidadā€, argumenta.


El Topo comercializa obviamente churros, pero también donas, pastelitos, berlinesas y otras ricuras dulces, que se combinan con los originales churros rellenos con queso roquefort o cheddar, y los de sabor a limón o Nutella, entre varias otras opciones.


DetrĆ”s de la cuenta de Twitter hay ā€œmucha cabeza, mucha estrategia –seƱala Navarro-. Llevo 10 aƱos metiĆ©ndole cabeza. Yo abrĆ­ Twitter para que la gente se entere que abrĆ­ un local en CABA. De todas maneras, a principios de este aƱo, dimos un salto cualitativo y cuantitativoā€.


Es que hasta enero, la cuenta de la churrerĆ­a tenĆ­a unos 6 mil seguidores. Pero a partir de un tuit se disparó una polĆ©mica alrededor de los churros con roquefort, polĆ©mica que fue discutida hasta en la televisión de EspaƱa. ā€œVenĆ­a usando el latiguillo ā€œsapiensā€ desde hace aƱos, pero mi respuesta generó 120.000 me gustaā€, relata.


Lo cierto es que rÔpido de reflejos, como todo buen empresario, con la cuarentena que siguió a este verano, empezó a subir a Twitter recetas de chipÔ, bolas de fraile, pastelitos y medialunas -entre otras-, y organizó sorteos con casas de electrodomésticos. Y lo mÔs importante: se sumó al boom del delivery.


ā€œTuvimos totalmente un correlato entre el crecimiento de seguidores y la facturación, tanto en local como en delivery. Tuvimos una explosión de ventas, que aumentaron un 200% en delivery, y un 100% en mostradorā€, ilustra sobre el poder que tiene un buen manejo de las redes sociales para una marca.


ā€œHemos hecho muy poca publicidad a nivel histórico en la churrerĆ­a porque es muy cara. Antes, gastaba dinero en la imprenta de volantes y en gente para que los reparta. Ese gasto ya no estĆ”: la vidriera es Twitterā€, describe Navarro. ā€œEs publicidad gratisā€, agrega.


De todos modos, reconoce que cuando opina en esa red social, lo hace por todos, por las dos familias dueƱas de las distintas sucursales de El Topo, y que por eso mismo lo hace ā€œcon mucho cuidadoā€.


ā€œTengo una filosofĆ­a para manejar el negocio y las redes: si me equivoco, lo reconozco y pido disculpasā€, seƱala. Eso es ser transparente a la hora de comunicar, algo que tanto necesitan las empresas.


ā€œDespuĆ©s, otra cosa que hago es utilizar a favor de la firma al hater (el odiador, en inglĆ©s; el que difama en las redes sociales): lo das vuelta, lo exponĆ©sā€, concluye.


Navarro hace todo en Twitter con originalidad, utilizando por ejemplo el latiguillo Sapiens, y usando también hashtags, como #LlorenChicosLloren, en una clara alusión al grito de los vendedores de playa, ese lugar -tan anhelado ahora mismo por todos, en épocas de pandemia eterna- que se asocia de forma mental y automÔtica con el producto que le dio nacimiento a su empresa familiar.

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