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Vatuit: Un proyecto con rasgos vanguardistas que la destrucción de valor argentina puso en pausa

Actualizado: 14 de nov de 2019


Sobre mediados de mayo de este año, Pablo Ricatti, emprendedor y empresario PyME del sector de la panificación, fue convocado por Mauricio Macri. El presidente argentino se mostró interesado en cómo Ricatti había logrado reunir en poco tiempo a más de 350 socios a través de la red social Twitter para emprender un proyecto ligado a la economía real: fabricar y distribuir chipá y otros productos aptos para celíacos, a precios competitivos.


El nombre que se les ocurrió a los socios del proyecto fue bien literal: lo llamaron “Vaquita Tuitera”. Sólo que, al constituir la Sociedad Anónima, pasó a llamarse Vatuit SA. La fecha de escrituración de esa sociedad fue el 30 de mayo, según consta en el Boletín Oficial.


Sin embargo, la burocracia, la rigidez de ciertas normas y, sobre todo, la destrucción de valor que ocurrió en el país tras las elecciones PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias), la incertidumbre y la depreciación del peso argentino frente al dólar, colocaron al proyecto en modo “pausa”.


Ahora, su mentor acaba de emigrar a Paraguay. “Yo ya tenía super estudiado a Paraguay, y desde el punto de vista fiscal, es recontra conveniente. Es un país que está preparado para que cualquier empresa llegue ahí, se instale, pague muy pocos impuestos y genere valor”, explica Pablo Ricatti, en un lenguaje bien coloquial. Su partida de Argentina fue conversada y aprobada por los demás socios de Vatuit.


“Los socios tomamos la noticia muy bien, y los mensajes de apoyo y deseos de éxito a Pablo abundan en el grupo”, señala desde Posadas, Misiones, Javier Schlindwein, uno de los socios del emprendimiento que, a nivel personal, es trader e inversor independiente desde hace 4 años.


“A Pablo le deseo de todo corazón mucho éxito en todo proyecto personal y empresarial que se plantee, porque tuve la oportunidad de conocerlo gracias a este proyecto y ha demostrado ser una gran persona. Que esté tomando la oportunidad que le surgió en Paraguay, demuestra que, como emprendedor que es, nunca va a quedarse bloqueado por las dificultades o problemas que surjan”, agrega.


“Se que es una persona muy pujante y capaz. Me pone feliz que pueda tener nuevos proyectos”, acota desde la zona sur del conurbano bonaerense, Claudia Viviana Lazo, ingeniera en sistemas, celíaca y una de las socias más activas del grupo de inversores.


“En general, nos pusimos contentos de que Pablo explore nuevos horizontes. Él había ido a Paraguay antes de empezar con la Vaquita, e interrumpió ese proceso para dedicarse a lo que estábamos armando acá”, rememora Juan Cruz Micele, otro de los socios, que es inversor financiero y coloca su dinero básicamente en empresas del Panel General de BYMA (Bolsas y Mercados Argentinos).


La génesis del proyecto

Entre los casi 30.000 seguidores que tiene su cuenta de Twitter, muchos le decían a Ricatti: “Pablo, hacé una empresa, que quiero participar con vos”, relata el padre de la Vaquita Tuitera. Y es que Ricatti trabajó en mesas de dinero de bancos, entiende bastante de finanzas, y desde su perfil en esa red social, practica la educación financiera, no solo escribiendo sobre diferentes activos y sus precios, sino contando sus propias experiencias y peripecias de ser empresario PyME en la Argentina.

“En parte fue impulsado por la gente -indica Ricatti-, pero también busqué acercar al inversor a un proyecto de economía real. Así como a algunos les espanta la Bolsa, mi intención era decirles: hagamos una empresa que no sea de Bolsa, pero vamos a cumplir con todas las transparencias que exige la Bolsa, e incluso mucho más. Mi intención era que todos los participantes tengan acceso a la contabilidad de la empresa, acceso a las cámaras del local donde íbamos a estar produciendo; había una participación activa, y la idea era que sean socios reales: dueños de una empresa”, dice, y le brillan los ojos. Se nota que le apasiona lo que hace.


“Lo que más me sedujo fue, por un lado, el proyecto del negocio en sí, que proponía crear una nueva forma de fabricar y comercializar productos en la Argentina; y por otro lado, la forma de tratar con el inversor minorista. En la mayoría de los casos, el inversor minorista es un actor secundario en las empresas: no forma parte del negocio, de las decisiones cotidianas, ni del destino en sí de la compañía. Pablo proponía empezar desde cero, con todos los socios en el mismo nivel, creando una estructura diferente, en donde cada uno podía formar parte de lo que quería dentro de la empresa, desde su gestación hasta en las decisiones que vendrían en el futuro”, complementa Javier Schlindwein, el trader de Misiones.


“Que el socio sepa el día a día de la empresa, en qué estado estaban los procesos, qué dificultades se presentaban y cómo resolverlas, era una experiencia totalmente nueva. En la mayoría de las inversiones a través de la Bolsa, por ejemplo, uno pone el dinero y no se entera de mucho más que los balances al cierre del ejercicio. Eso de “invertir y ser parte” fue lo que más me importó a la hora de decidir entrar”, agrega Schlindwein.



“Me sedujo la posibilidad de ser parte de un proyecto de economía real, algo que es casi imposible para inversores minoristas en Argentina”, apunta Claudia Viviana Loza, que trabaja como desarrolladora Java hace más de 10 años.


"Lo que más me atrajo fue el objetivo social del proyecto: que personas que no tuvieran acceso a realizar inversiones, pudieran acceder a las mismas", asegura Micele.


Walter Rodríguez, otro de los socios que es además licenciado en administración, programador e inversor bursátil, destaca otra faceta de Vatuit. “He invertido en varios proyectos en mi vida. Todas ideas interesantes. Pero considero que el liderazgo del proyecto siempre debe recaer en personalidades que puedan manejar las terribles adversidades que enfrentan los que emprenden en Argentina. Muchos fracasan porque sencillamente bajan los brazos”, dispara.


Comandados por Ricatti, los socios, de muy diversos perfiles y algunos de los cuales viven incluso en el exterior del país, acordaron aportar unos 2,5 millones de dólares. Aunque el aporte real nunca se realizó.


Las bondades y las trabas


“Había pensado para mi empresa la fabricación de chipá; era un proyecto individual que ya tenía valorizado e incluso había hecho ya el contacto con los proveedores de la maquinaria que se necesitaría. Apuntábamos a un nicho de consumidores que están muy golpeados por el tema del diferencial de precios”, describe Ricatti, que asegura que todas las propuestas fueron debatidas y aprobadas por la "especie de sociedad colegiada" que formó junto a los socios de Vatuit.


El proyecto en sí es bastante ambicioso: “nuestra idea era hacer cerca de 50 fábricas de alimentos, con la idea de subirlos a una camioneta y llevártelos a tu casa. Era como comprar "directo a fábrica"; pero para eso, tenés que ofrecer un catálogo suficientemente amplio como para que sea interesante. Por eso, teníamos ideado también comercializar productos de terceros. Estábamos apuntando a PyMEs que tienen complicaciones de negociación con los supermercados, porque éstos tienen una posición dominante y les exigen a las PyMEs demasiado margen, cosa que no hacen con las grandes empresas de alimentos”, continúa Ricatti.

En conclusión, “la idea era básicamente hacer un supermercado donde más o menos la mitad de los productos que se ofrecieran fueran de elaboración propia y la otra mitad, de terceros. Más o menos teníamos que llegar a una canasta de 100 productos, que son los típicos que uno va a comprar al supermercado: arroz, yerba, aceite… Y todo esto comercializado por Internet y llevado a la casa. Ese era todo el proyecto”, sinteriza.


El economista Ezequiel Baum, otro de los socios, cuenta que se sumó y formó parte del grupo de “más de 300 entusiastas que estaban dispuestos a seguir a Ricatti en semejante quijotada: crear una empresa con socios dispersos por todas partes para transformar la logística del consumo”.

“El changuito -agrega- era una forma figurativa. La idea era lograr una app (aplicación) y un sistema de transporte que evite las ineficiencias y sobrecostos (sobre todo, el fiscal) de tantos intermediarios entre productores y consumidores. El fin de los supermercados era su utopía”, señala Baum.

“La propuesta era fabricar productos sin tacc. La idea original eran los chipás, pero hablamos de fabricar otros productos, como tapas de empanadas y tartas. Siendo celíaca, sufro bastante la diferencia económica existente en estos productos, así que además de ser inversora me seducía ser clienta de esta propuesta”, relata Lazo.


Walter Rodríguez introduce otra arista que no es menor: “La experiencia de Pablo en panificados e industria reducía sensiblemente nuestro riesgo y podíamos tener razonables expectativas de rentabilidad ya desde el inicio. Pablo nos demostró cómo la baja tecnificación de su competencia les impedía igualar sus costos. La idea era replicar eso y aunarlo a la Uberización de la logística”.

“Estábamos trabajando en el desarrollo de una aplicación de logística y una web para la compra de productos. Teníamos los requerimientos bastante cerrados: fueron varios sábados en los que nos reunimos el grupo de IT para poder darle forma a las ideas de Pablo”, indica Lazo.


El inicio del proyecto iba a ser un depósito donde almacenar los productos de terceros, y al lado, otro depósito con la fábrica de alimentos para celíacos, donde una de las líneas era la de chipá. “La idea era después salir a la Bolsa, para levantar el capital para las otras 50 fábricas”, indica el emprendedor.


Pero las trabas no tardaron en aparecer. "Cuando estábamos por abrir una cuenta bancaria, la CNV (Comisión Nacional de Valores) inició una investigación", relata Ricatti. Mediante carta, le advirtieron que se "abstenga de hacer cualquier movimiento dentro de la sociedad hasta que ellos no investiguen". Según el empresario, la CNV quería investigar "si yo había hecho oferta pública de acciones en redes sociales. Mi postura era que no había valores negociables aún. Para mí, el texto de la norma de la CNV es tan abarcativo que hace que todo sea una oferta pública. Pero de hecho, hasta las PASO, estábamos discutiendo cómo hacer para poder hacer este proceso formalmente. La solución era crear otra empresa y que se incorporen todos los accionistas de una", explica.



Lo cierto es que si bien lo objetado por la CNV ralentizó el proceso de puesta en marcha de Vatuit, lo que puso en una pausa más prolongada al proyecto fue el cambio en las condiciones para los negocios en Argentina.


"Para hacer la primera fábrica, teníamos que importar la línea completa de la maquinaria. También, cuando se hace aporte de capital para una empresa, el dinero pasa al patrimonio neto al tipo de cambio del Banco Nación de ese día. Y tras las elecciones PASO hubo una devaluación del 30%", recuerda Ricatti.


El legado


"Las condiciones no digo que sean inviables, lo que digo es que no creo que sean favorables", explica el jefe natural del proyecto en una entrevista. Los mercados indican, a juzgar por Pablo Ricatti, que "va a estar complicado. Pero son todos ciclos. En algún momento, esto va a hacer piso y va a salir de vuelta. No es que se termina el mundo", asegura.


"Después de las elecciones, nos volvimos a replantear si estábamos dispuestos a invertir, y por decisión mayoritaria, se decidió que lo mejor era no continuar con este proyecto. Personalmente, considero que no es un buen momento para invertir en Argentina. Ojalá, algún día eso pueda cambiar en este país y no tengamos tanta incertidumbre económica. No se pude proyectar en un país donde cada gobierno baraja y da de nuevo. Necesitamos un plan económico que pueda prosperar mas allá del gobierno de turno", opina Viviana Lazo.


La Vaquita Tuitera no camina: está detenida. Pero sus socios se siguen juntando y esperan cambios para reactivar un proyecto sobre el cual no pierden el optimismo, al menos de momento.

"En todo proyecto se aprende. En lo particular, fue mi primera experiencia con un grupo tan grande de socios tan disimiles. Pero la sinergia era espectacular. ¿Faltaba sistemas? Estábamos nosotros. ¿Faltaba ingeniería? Teníamos ingenieros. ¿Cuestiones contables? Había contadores, y así. Una PyME con recursos humanos de una envergadura superior a su capital", resume Walter Rodríguez.


Según Lazo, "se armó un grupo increíble de personas. Hay gente de diferentes rubros que comparte su conocimiento. Tenemos abogados, un arquitecto, socios que se dedican al ganado, banqueros, traders... Siempre hay alguien a quien consultar. Seguimos en constante comunicación, y hablamos de algunas oportunidades de mercado, de criptomonedas; nos contamos promociones y hasta nos ayudamos entre nosotros cuando podemos".


Por su parte, a Juan Cruz Micele, el inversor del Panel General de BYMA, le quedaron varias enseñanzas a partir del proyecto Vaquita Tuitera, por ejemplo, "que es posible reunir a 300 personas que no se conocen entre sí con un objetivo de ganar plata sanamente y haciendo las cosas en regla".


Ezequiel Baum, en cambio, es lapidario. "Que un creador de valor como Pablo decida apostar su futuro en un país como Paraguay habla más de Argentina que de Pablo. Ojalá genere oportunidades para mucha gente y pueda dar trabajo produciendo valor".


"No podría enumerar en un minuto todo lo que aprendí de Pablo, de los demás socios, de cómo funcionan las cosas en la Argentina. Aprendí cosas que me cambiaron la visión al respecto de cómo invertir acá, cosas importantes", apunta Schlindwein.


"Por sobre todas las cosas, la Vaquita ha servido para demostrar que en la Argentina, hay millones de personas que estarían felices de invertir sus ahorros, de ponerlos a funcionar en un proyecto así, de que hay mucho capital dormido. Y que las reglas que tenemos lo hacen difícil, lo complican todo. Y nos estamos perdiendo de invertir mucho, mucho dinero", remata de manera elocuente.

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Producido por Guadalupe Barriviera

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